Me tropecé contigo en primavera,
una tarde amor delgada y fina,
y fuiste en mi espalda enredadera
y en mi cintura lazo y serpentina.
Me deste la blandura de tu cera,
y yo, te di la sal de mi salina
y navegamos juntos sin bandera
por el mar de la rosa y de la espina.
Y después, a morir. A ser dos ríos
sin adelfas, oscuros y vacíos
para la boca torpe de la gente.
Y por detrás, dos lunas, dos espadas,
dos cinturas, dos bocas enlazadas,
y dos arcos de amor de un mismo puente.
Rafael de León
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La poesía es el arte de buscarle lo redondo a lo cuadrado y viceversa.